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Un empujón para el cine español

Tres comedias y un drama traspasan la barrera de los cinco millones de taquilla en lo que llevamos de año

14/05/2018 | Reportajes
Un empujón para el cine español

Foto: La Tribu, de Fernando Colomo

Los espectadores aprueban con nota el cine español. El público ha aplaudido cinco películas nacionales desde enero hasta ahora, periodo en el que la comedia ha sido el género elegido por los españoles que han ido a las salas. Perfectos desconocidos, que se estrenó en diciembre del año pasado, lidera el ranking de las producciones más vistas al hacer pasar por taquilla a más de 1,2 millones de personas y registrar casi 7,6 millones de euros desde enero a finales de abril. Sumando los datos de 2017, la comedia dirigida por Álex de la Iglesia reúne las impresionantes cifras de 21 millones de euros y 3,3 millones de seguidores. En su primer fin de semana en cines, los Campeones de Javier Fesser metieron en las salas a 330 000 personas y recaudaron casi dos millones de euros, dígitos con los que consiguió superar al último trabajo de Spielberg, Ready Player One. Imparable, en estos momentos la carrera comercial de esta comedia interpretada por Javier Gutiérrez –Goya al Mejor Actor por El autor– y debutantes con discapacidad intelectual roza los 7 millones de euros (6,9) y la aceptación de 1112486 espectadores. Han superado los cinco millones en taquilla otra comedia, La tribu, con Carmen Machi y Paco León a las órdenes de Fernando Colomo (5,9 millones de euros y cerca del millón de espectadores); y el drama de acción protagonizado por Belén Rueda, El cuaderno de Sara, de Norberto López Amado (5,1 millones de euros y 838 410 espectadores). La lista de las más vistas la completa otra comedia: Sin rodeos, con Maribel Verdú y la firma de Santiago Segura (4,4 millones de euros y más de 700 000 espectadores). Se trate de comedia o drama, lo importante es tener una historia que contar y una manera de contarla.


Por Chusa L. Monjas / María Gil



"Una comedia con poso amargo"

Fernando Colomo | La tribu

 

Siempre ha dicho que sus mejores películas eran las impares, y La tribu hace la número 21. Presentado casi siempre como director de comedia española, Fernando Colomo continúa ligado a este género con una producción apoyada en la historia real de Las Mamis, un grupo de mujeres de Badalona que encontraron en el baile la forma de superar sus problemas. El director, guionista y productor conoció a estas "entusiastas mujeres entre los 40 y los 60 años que practicaban el street dance y que no tenían ni la edad ni el físico de los bailarines habituales" a través de un vídeo de un alumno de Joaquín Oristrell de la Universidad Pompeu Fabra. Fue conocerlas y darse cuenta que ahí había una película. "Estas mujeres se ayudan muchísimo entre ellas, son muy piña. Más que de baile, es un grupo de autoayuda". Con este telón de fondo, el cineasta madrileño escribió el libreto con dos de los más sólidos guionistas de comedia de nuestro país, Yolanda García Serrano y Joaquín Oristrell. “Es una comedia con poso amargo. Todos mis trabajos responden a una trama dramática. A través de la ironía, de la comedia, se puede hacer una crítica más eficaz que con un drama. Esto es lo que nos enseñaron los maestros Berlanga y Azcona. El verdugo es una comedia, ¡pero qué comedia! Mi miedo es que eso se esté perdiendo y que solo se hagan comedias demasiado obvias, que sean una sucesión de gags sin estructura dramática ni personajes porque esos éxitos momentáneos no crean base. Tenemos que hacer buenas películas que, además, sean muy comerciales”.

Aunque esté ‘tirando piedras sobre su propio tejado’ insiste en que en la actualidad hay “una obsesión” por hacer comedia. “El problema es que es un género muy difícil de ver sobre el papel, y si se fuerza en el guión para que lo entiendan los que deciden qué proyectos llegan a buen puerto, se corre el peligro de abaratarte”.

Colomo recuerda ‘la gran comedia española’ –cita El verdugo, El pisito, El viaje a ninguna parte…-, “películas que hablaban del mundo real, de personajes de carne hueso y lo llevaban a la comedia. Y el público disfrutaba doblemente porque, por un lado te reías, y por otro te dabas cuenta de que estaban diciendo grandes verdades”.

Si la frase tantas veces repetida de que ‘vales lo mismo que tu última película’, Colomo es en la actualidad valioso porque La tribu ha conectado con el espectador. Unos actores conocidos y con química –Carmen Machi y Paco León–; la música de Vicente Ortiz Jimeno; la superpegadiza canción ‘El hombre lapa’, cuya letra escribió Oristrell “medio en broma y algo avergonzado por hacer reguetón”; y una intensa promoción, entre otros reclamos, han llevado al público a las salas. “Me ha sorprendido la respuesta. En un éxito coinciden muchos elementos, no basta solo con que le guste al público porque a veces este no sabe que existe la película. Estoy contento porque me revaloriza profesionalmente, pero uno cada vez es más realista, así que lo que espero es que me permita hacer alguna película más”.

Reírse de uno mismo “porque cuando lo haces te puedes reír de todo” es la base para este profesional que, superados los 50 años en el oficio, afirma que no hay fórmula para captar a la audiencia. “El público es como un virus, va cambiando, cuando ya conoce una cosa, quiere otra. El cine español vive un gran momento y cuando las películas están apoyadas y tienen un lanzamiento similar a otros productos americanos, podemos ganar, a pesar de que las suyas valen 50 veces más que las nuestras y salen con muchas más copias. Los espectadores reaccionan ante cosas de verdad, y el último ejemplo es Campeones, una historia que les ha tocado el corazón”.

Y de la cara a la cruz porque, en su opinión, no corren buenos tiempos para las películas “diferentes, más arriesgadas. La competencia es feroz. El cine que no va con un lanzamiento potente y con una teórica carga comercial lo tiene muy difícil. Hay que buscar un modelo para que no desaparezca el cine de autor. Casablanca gusta a crítica y público, y Demonios en el jardín y Furtivos fueron grandes éxitos comerciales”, advierte.


 Foto: ©Manolo Pavón



"La comedia puede ser tan brutal como el drama"


Belén Rueda. Perfectos desconocidos y El cuaderno de Sara


Desde su triunfal desembarco en el cine con Mar adentro, que le valió el Goya a Mejor Actriz Revelación, Belén Rueda no para, circunstancia que le hace muy feliz “porque estaría rodando siempre”, confiesa esta madrileña tentada por los tres medios. Más contenta que nunca, Rueda lleva dos años “especiales” porque al boom de Perfectos desconocidos y El cuaderno de Sara se agregarán en breve No dormirás, thriller psicológico premiado por su fotografía y montaje en el Festival de Málaga, y la cinta de terror El pacto.

La actriz, una de las que más miedo ha dado a los espectadores (El orfanato, Los ojos de Julia, El cuerpo) arrasa en taquilla con dos historias que están en las antípodas. “Siempre esperas que lo que haces tenga el mayor éxito posible. Con Perfectos desconocidos habíamos hecho una porra de lo que haría la película, y ha sido un fenómeno que continúa en 2018. He visto que el espectador se ríe con pudor con esta comedia agridulce cuando es consciente de que se ríe de barbaridades que se dan entre amigos y parejas”.

Y de la hilaridad de Perfectos… a El cuaderno de Sara, el dramático viaje que realiza su personaje en busca de su hermana, desaparecida en una de las zonas más conflictivas y violentas del Congo. “Es una realidad que no se conoce basada en el coltán, un mineral que utilizamos todos los días porque está en nuestros teléfonos y tablets”, cuenta la actriz, a quien este proyecto firmado por Norberto López Amado no le llegó de manera habitual”.

"Los proyectos vienen con un guión, cuando el trabajo ya está hecho, pero cuando el equipo de cine de Telecinco contactó conmigo me propuso una idea, no había nada escrito. Dos años antes del rodaje –finalmente se filmó en Uganda–, estuvimos en el Congo para documentarnos. Ir donde transcurre la historia y estar en los orígenes del filme es oro”.

La aventura de vida que ha sido este cuaderno y los libretos que hizo el director para el director de arte, de fotografía y para los intérpretes ayudaron a Rueda a contar a través de sus ojos la realidad de un continente dominado por la inactividad de los estamentos públicos, la corrupción, las guerras, los secuestros, las violaciones, los niños soldados… "Es muy crudo lo que cuenta. El director quería que el espectador percibiera el dolor que a mi personaje le produce lo que está viviendo. Un halago, pero… No es que cambiara mi forma de interpretar, pero aquí es más lo que se siente que lo que se dice”.

Si queremos, los seres humanos nos entendemos. Este es el mensaje que quiere transmitir la protagonista de El cuaderno..., cuyo cuerpo regresó de África, “pero mi mente tardó en volver, necesité un tiempo de readaptación”, reconoce la actriz, especialmente satisfecha de meterse en la piel de una heroína en una trama de acción.

“Soy mujer y no tengo 20 años. Al principio noté cierta preocupación porque no me hiciera daño, por si el agua y la alimentación me sentaban mal... Todos estábamos en las mismas condiciones. En un momento, mi personaje dice que no puede más, que está sobrepasado por lo que ha visto, y esto, aunque lo sentimos todos, es muy difícil verlo en un hombre”.

Cree que no hay un único camino para llegar al espectador y que se juzga con más benevolencia el drama que la comedia, género del que, con el tiempo, se ha ido haciendo fan. “Cuando empiezas quieres hacer cosas serias y profundas, personajes torturados, que sufren mucho. Llegó el momento en que quería comedia, que no es bien tratada porque parece que es algo muy ligero y muy fácil de hacer. La comedia puede ser tan brutal como el drama y saca a la luz problemáticas de las que durante mucho tiempo no se podía ni hablar y temas que nos han tenido aterrorizados durante años”.

También sostiene que la calidad no está reñida con la taquilla, que con cada proyecto empieza de cero, y que los directores noveles tienen muchas cosas que contar y no apuestan solo por historias de jóvenes. “Amenábar tenía 32 años cuando hizo Mar adentro”, recuerda esta actriz que puede elegir y que, por primera vez, repite director –ha hecho un pequeño papel en Mirage, lo nuevo de Oriol Paulo, a cuyas órdenes hizo El cuerpo–.



 



"El cine es como la Bolsa"

Jorge Guerricaechevarría. El cuaderno de Sara y Perfectos desconocidos

 

Procura tenerse a sí mismo en mente como público cuando escribe, –“que me haga gracia a mí, que me mantenga lo suficientemente interesado para seguir una página más, porque si empiezas a pensar en cómo conectar con los demás lo más probable es que te pierdas por el camino”– y confía en que, en el caso de las comedias, “por suerte habrá más gente que coincida con nuestro sentido del humor”. Jorge Guerricaechevarría ha comprobado una vez más en su carrera con Perfectos desconocidos, donde vuelve a coescribir con Álex de la Iglesia, que sí lo hay. “El público quiere que le sorprendas con lo mismo. Es esa mezcla de conseguir los elementos reconocibles de una comedia pero a la vez colocar un elemento nuevo. Te penalizan si simplemente te dedicas a repetir una fórmula”, afirma el ganador del Goya a Mejor Guión Adaptado por Celda 2011.

Thriller, drama, comedia negra y fantástica y películas de acción se suceden en su filmografía como guionista. Ducho en adaptaciones de novelas, como fueron las de Perdita Durango, Los Crímenes de Oxford y Celda 211, Guerricaechevarría ha afrontado por primera vez en la taquillera Perfectos desconocidos un remake. “Se trataba de adaptarlo a nuestra propia idiosincrasia. Fue fácil porque el punto de partida era muy bueno, tanto el concepto como el guión italiano, y lo que intentamos fue aprovechar la oportunidad para intentar cuadrar algunas cosas a las que nos parecía que se le podía sacar más provecho y para darle un final diferente, que nos encajaba mejor”, explica el siete veces nominado a los premios de nuestro cine. Y en esa ‘españolización’ de esta historia, que expone los secretos de sus protagonistas a través de un juego con los móviles,“tuvimos que valorar el peso específico que tenía la homosexualidad. En la italiana se trataba con más dramatismo. Le hemos quitado peso porque no nos parecía que correspondiera con la realidad del colectivo que se está viviendo en España”, desgrana este profesional para el que a la hora de hacer humor “nos podemos permitir ser crueles y tener mala leche porque en realidad estamos hablando de nuestros propios defectos”.

Radicalmente diferente fue el proceso de El cuaderno de Sara. “Nuestro reto era llevar a un público amplio una serie de temas que preferimos no oír. Cuando hay niños soldado o tráfico de coltán tienes que conducir al espectador con más cuidado y con otras herramientas para que acepte entrar. El acierto es hacer una historia que nos toque muy cerca, que tenga un lado personal con el que todos nos podamos identificar“, afirma. Y la idea llegó, como sucede otras veces, cuando su mente desconecta del libreto y está concentrado en tareas rutinarias, como hacer café. “Me vino a la cabeza que la base de la historia fuera una hermana (Belén Rueda) que tiene que ir a buscar a su otra hermana (Marian Álvarez). Después todo empezó a encajar mejor y a tomar forma”, recuerda.

Pese a las garantías que supone que ambas estén participadas por Telecinco Cinema o los reconocidos nombres de sus títulos de crédito, entre los que se encuentra, considera que “no acabas de ver el potencial de una cinta hasta que la visionas en una sala. En la comedia se multiplica el efecto de las cosas. La risa es mayor y contagiosa”.

Acostumbrado a arrastrar a los espectadores al cine con sus thrillers junto a Daniel Monzón o el género fantástico junto a De la Iglesia, Guerricaechevarría relativiza el boom de la comedia en 2018. “Seguro no hay nada. El cine es como la Bolsa, cuando está arriba hay que vender y, cuando está abajo, comprar. Con el tiempo que lleva hacer una película, si te intentas apuntar a la última moda llegas tarde porque en el proceso el mercado se ha saturado de las mismas cosas. Es cuestión de contar historias, no de hacer un género porque sea el que está funcionando más”. Convencido de que en cualquier tipo de filme “lo más importante son los personajes” no desvela en qué proyectos está inmerso actualmente, pero sí que “no tienen nada que ver con la comedia y confío en ellas de igual manera. Cuando lleguen a la pantalla van a tener su hueco”.

 

 

 

"Hacer cine es un negocio de riesgo"



Mª Luisa Gutiérrez. Sin rodeos

Productora de muchas de las comedias más rentables del panorama cinematográfico español, como la conocidísima saga Torrente, Mª Luisa Gutiérrez defiende que “las películas no se pueden producir en serie… puedes utilizar tu know how, los mismos ingredientes y en las mismas proporciones que en las anteriores y, sin embargo, no lograr conectar con el público en tu última cinta”. Con Sin rodeos, una de las ocho películas que respalda en 2018, sí ha logrado de nuevo esa conexión. Definida como “una comedia empoderada” y protagonizada por Maribel Verdú, aterrizó en los cines cuando la necesidad de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres estaba en el debate público. “Sin rodeos comenzó a gestarse en 2016, cuando todos los productores y director decidimos que era una película que había que hacer. Se rodó en el verano de 2017, se fechó para estrenar en 2018... ha llegado en este momento de reivindicaciones de pura casualidad. Hubiera visto la luz igual porque, muy por delante de estas reivindicaciones, nosotros habíamos decidido que queríamos hacer una película que hablara del empoderamiento de la mujer con sentido del humor, que es nuestro principal sello”, explica. Esta ‘marca de la casa’ considera que ayuda a atraer a los espectadores porque “la gente va al cine a sentir… miedo, terror, diversión… y, por tanto, el género de la comedia sí que es una fórmula para atraer a aquellos que deseen dejar sus problemas en casa, necesiten evadirse durante 90 minutos y quieran reírse”.
 

Aunque las cifras de la cinta chilena Sin filtro, de la que Sin rodeos es un remake, hacían presagiar una buena acogida, Gutiérrez matiza que “los éxitos locales, sobre todo en comedia, son difícilmente exportables. Por eso, que Sin filtro triunfara en Chile no te garantizaba nada en España. Sin embargo, el concepto era bueno y merecía la pena desarrollarlo”. Como en los anteriores filmes dirigidos por Santiago Segura, no han faltado en el elenco los personajes mediáticos como la presentadora Cristina Pedroche, en su debut como actriz, o los cameos de figuras como Alaska, El Gran Wyoming o Florentino Fernández. “Son regalos sorpresa que se colocan en la película para hacer un guiño a aquellos espectadores que son fans de esos personajes famosos y que no se los esperan es ese contexto y, por supuesto, les gusta… Sin embargo, la herramienta para hacer atractiva la película son todos los actores y actrices de la misma”, asegura. 

El filme cuenta con la participación de una de las grandes televisiones privadas, Atresmedia, un hecho que, por supuesto, “facilita las posibilidades de promoción de la película, de transmitir que la película existe”, pero Gutiérrez tiene claro que “aunque la promoción es imprescindible para el éxito de taquilla, no es garantía del mismo. Si la película finalmente no gusta, la promoción no hará milagros”. 

Y, paradójicamente, que la comedia sea la reina en los ránkings de las películas más vistas del cine español no facilita su financiación. “La dificultad no depende del género sino de lo bueno o malo que sea un guión, la experiencia del director que vaya afrontar el proyecto, el cásting… en definitiva, de la solvencia del proyecto en su conjunto”, desgrana Gutiérrez, que cree que “independientemente del género, hacer cine en cualquier parte del mundo es un negocio de riesgo, puesto que el resultado de la cuenta de perdidas y ganancias de la película depende de factores totalmente exógenos al proceso de producción: climatología en el lanzamiento, películas que ganan los Oscar en el otro lado del mundo y que están cuando tú estás ahí, un ataque terrorista en la fecha de tu estreno... Somos una industria sensible a muchos factores no controlados...”

Siempre pensando a qué público le gustarán los proyectos en los que se embarcan, desde su productora Bowfinger no se pone límites temáticos en una una época en la que es muy fácil ofender involuntariamente a algún colectivo. “Desde la comedia se debería poder afrontar cualquier tema. Independientemente de si es o no políticamente correcto... espero que no perdamos esa libertad que tanto les costó a nuestros padres y abuelos conseguir porque, de lo contrario, le estaremos comiendo terreno a la democracia”. 



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