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Sin visibilidad en Cannes

28/05/2017 | Reportajes
Sin visibilidad en Cannes

Foto: ©Honor de caballería, de Albert Serra

Los cineastas de todo el mundo se 'pelean' por estar en Cannes, el festival más importante de todo el circuito, que en sus  70 años de historia no se lo ha puesto fácil al cine español. En cada edición, cuando se hacen públicos los títulos de las producciones que participan en el certamen de la Costa Azul, se plantea  el mismo interrogante: ¿por qué no programa cine español en sus distintas secciones? Atendiendo a que la programación de unas películas u otras en un festival siempre está sujeto a criterios subjetivos, 'ACADEMIA' intenta dar respuesta a esta pregunta a través de la experiencia y opiniones de distintos profesionales e instituciones cinematográficas. 

Por Chusa L. Monjas



El telón de fondo es un cine español que ha demostrado su calidad y al que Cannes –que ha reconocido a Buñuel, Saura, Almodóvar, Erice, Berlanga, Albert Serra, Oliver Laxe, Juanjo Giménez, José Luis Gómez, Fernando Rey, Francisco Rabal, Alfredo Landa, Javier Bardem y a las actrices de Volver, entre otros representantes de nuestra cinematografía–, no presta atención.
 

Presente en el último Cannes con la película mexicana Las hijas de Abril, que se alzó con el Premio del Jurado en la sección Una cierta mirada, Emma Suárez intuye que nuestra industria “necesita apoyos para poder producir filmes que nos representen en un festival de este nivel”.

España estuvo en Cannes con una película en competición oficial en los años del franquismo, de 1960 a 1969. Una puntualización curiosa que hace Enrique López Lavigne, para quien esta particularidad es “para pensárselo”. Dice el productor que nuestro cine está básicamente orientado “a satisfacer la demanda del espectador de fin de semana que se aloja en los centros de ocio. Hemos perdido cuota de pantalla y este ha sido, tras la tormenta perfecta consolidada con el cambio de modelo de negocio y de consumo, piratería y crisis económica, la prioridad principal de nuestra industria”. Para el que es uno de los artífices del desembarco internacional del cine español, esto no quita para que “los autores apenas apoyados por una industria que mira a otro lado, establezcan complicidades en espacios alternativos y siempre en los márgenes de la financiación, bien producidos por sí mismos como Almodóvar o Rosales, bien allende los Pirineos como Albert Serra o Pedro Aguilera, atravesando los mares y océanos como Isabel Coixet o en manos de algunos productores independientes con ilusión como Fernando Franco”. Una batalla que López Lavigne está dispuesto a librar con Carlos Vermut (Quién te cantará), “si el tiempo y la película nos lo permite. Eso sí, un puñado de películas mucho menos numeroso y auxiliado que el resto de las cinematografías europeas, que no solo cuentan con tradición sino con ayudas para apoyar a estos autores que exportan su cultura donde quiera que van”, resalta.

“He llegado a pensar que los organizadores de Cannes son cortos de vista y, aunque sean los vecinos de arriba, no nos ven a los que estamos más abajo. Mucho menos a nuestras películas”, destaca Ramón Colom. El presidente de la Federación de Asociaciones de Productores Audiovisuales Españoles (FAPAE) indica que la selección oficial de este festival es el resultado “de una batalla comercial increíble. Para una selección de 40 títulos hay más de 1 000 candidatos. ¿Quién gana? Aquellos que tienen intereses en el cine francés. No solo ellos, es cierto. Pero algunos sí que lo son”. 

El cine español atesora solo una Palma de Oro en su historia, la que ganó Luis Buñuel en 1961 con Viridiana. Pere Portabella produjo esta emblemática historia cuya proyección en el certamen galo fue “la bomba”, recuerda el veterano productor, director, guionista, artista y político, para quien el mercado manda en los históricos festivales. “Domina el criterio de las grandes productoras mundiales y el cine español no puede competir con ellas”, dice Portabella, que destaca que Cannes en otros tiempos ha programado historias dirigidas “por personas con talento como Berlanga, Saura y Erice”. 

 

¿Igualdad de oportunidades?

 

Una sección oficial con directores consagrados y con películas autorales de elevado presupuesto firmadas por grandes nombres. Así resume Emma Lustres su opinión sobre las selecciones de Cannes, una muestra “en la que hay un espacio muy limitado para las sorpresas y los autores desconocidos, y donde la presencia de títulos franceses es abrumadora. Deberían ser más ecuánimes con este tema porque la sensación es que no todos compiten con las mismas posibilidades”.

La productora de Celda 211 y Cien años de perdón también anota la influencia que tienen en el mundo del cine los países que están en situaciones complejas. “A España no tienen que mimarla, lo que nos saca un poco de las opciones de ‘tener que estar’. Y también afecta que en los últimos años nuestra industria ha caminado, sobre todo, hacia las películas de género comerciales y cine de autor de bajo coste, que no tienen mucha cabida en Cannes”, cree Lustres, que está arrancando el nuevo filme de Dani de la Torre, La ley del plomo.

Como organizador de un festival, el de Málaga, Juan Antonio Vigar resalta lo complejo que es armar una selección, “en la que, por cada película elegida, hay decenas de descartadas. Quiero y debo pensar que Cannes no ha contado con el cine iberoamericano en su última edición como simple daño colateral, y nunca desde la falta de sensibilidad y aprecio por un sector audiovisual que tiene una notable calidad”.

Participó en la Quincena de Realizadores con Honor de caballería y El canto de los pájaros, y presentó fuera de competición La muerte de Luis XIV. Habitual en La Croisette, Albert Serra es tajante: “Solo tienen relevancia internacional (caso Almodóvar aparte) unos pocos autores serios, invisibles en España. Es sorprendente que este hecho tan rotundo (en especial si lo comparamos con otras cinematografías más pobres pero mucho más exitosas en Cannes que la nuestra, casos de Rumania, Portugal, Argentina o Filipinas) no haga reflexionar a nadie y todo continúe igual desde hace años. Me parece grotesca la desconexión que hay con la realidad internacional del cine”, expone.

El creador catalán cree que el cine español, como cinematografía nacional, es “demasiado convencional” y que progresivamente “los pocos autores que había han sido cada vez más marginados por la industria, y esto ha provocado el desastre total”. 

 

Un escaparate privilegiado

 

“En el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) seguiremos trabajando para ayudar a que el cine español tenga más peso en el escaparate privilegiado que son los festivales de cine”, afirma el director general de este organismo, Óscar Graefenhain. El programa ‘Visionados’ –invitan a los programadores a venir a España para visionar películas para su preselección y, en el caso de que sus agendas no les permitan el desplazamiento, les envían las películas– es una de las líneas en las que trabaja el ICAA. “En el marco del Plan Cultura 2020 estamos desarrollando nuevas herramientas que nos permitan ser más competitivos en este sentido y poder ofrecer un mayor servicio a los festivales”, señala Graefenhain.
 

Fomentar el mantenimiento de un contacto directo entre el sector y los festivales es otro de los objetivos del Instituto, que cuenta con ‘Ayudas a la Participación de Películas Españolas en Festivales Internacionales’ con las que, por el hecho de haber seleccionado una película española en un certamen internacional, el productor puede recibir una ayuda económica para reducir el coste que puede suponer estar presente en esa muestra. 

Y como ventana institucional, el ICAA está presente en las principales ferias con un stand que muestra las novedades del cine español. “La participación en estos eventos es un elemento esencial de promoción cultural, ya que muestra la diversidad cultural española a través de nuestra cinematografía”, añade Graefenhain. 

Es el director español que más veces ha optado a la Palma de Oro –ocho– y el que logró con La prima Angélica y Cría cuervos el Premio Especial del Jurado de Cannes, donde conoció a Luis Buñuel cuando representó a España con su primera película, Los golfos. Carlos Saura es un clásico de este festival, al que está “muy agradecido. Sin Berlín, Venecia y especialmente Cannes no hubiera podido seguir haciendo cine en España”, explica el cineasta aragonés, que estrenó muchos de sus filmes en esta ciudad de la Riviera francesa a la que no han viajado películas “maravillosas. Si no coproduces con Francia, tienes pocas posibilidades de estar allí. He ido muchas veces, pero podía haber ido más. Fue una decepción no estar con La caza y ¡Ay, Carmela!”, confiesa.

Saura se queda con lo que le dijo el maestro de Calanda. “Buñuel pensaba que la Palma de Oro era un galardón político, decía que el premio importante era el Especial del Jurado”. Y él tiene dos. 

“Así como no conozco cineasta que coloque la cámara pensando que su película acabará formando parte de ningún festival, tampoco la política cinematográfica de un país debería estar condicionada por el criterio de selección de certamen alguno, por muy importante que sea. Pero fomentar la diversidad desde la base, y apostar también por miradas singulares y diferentes de las dominantes acabaría por dar sus frutos, no solo en un eventual reconocimiento en Cannes, sino en la riqueza y variedad filmográfica del país”. Son palabras de Juanjo Giménez, que, como la Palma de Oro solo es para los largometrajes, lo que recibió en 2016 fue un diploma por su corto Timecode.

Para Giménez, la lista que anuncia las películas que están en Cannes “ni es un referente absoluto de nada ni un festival como Cannes elabora su programación basándose en la ojeriza a ninguna filmografía nacional determinada”. 



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