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Protagonistas inesperados

Homenaje a los Profesionales 2016

08/09/2016 | Reportajes
Protagonistas inesperados

La industria del cine da trabajo en nuestro país, según datos de 2013, a ­ 38 700 personas. Precisamente por eso, porque el cine español es mucho más que una alfombra roja que se despliega una vez al año, la Academia de Cine celebró por primera vez en 2010 el Homenaje a los Profesionales.



Ellos hacen las películas. Micrófono, brocha, lápiz o megáfono en mano. Desde el almacén de vestuario, la sala de montaje o el despacho donde se elaboran las nóminas. Los pequeños detalles siempre fueron importantes y nuestros protagonistas se encargan de cuidarlos hasta el paroxismo para que el resultado del producto final sea lo más acabado posible. El microfonista Jaime Fernández-Cid Buscató; la administradora de la empresa de vestuario Peris Hermanos, María Teresa Peris; el animador Carlos Alfonso; la ayudante de maquillaje Montse Damas; el ayudante de montaje Manuel Laguna; los directores de Legiscine Esperanza Velasco y Manuel González; y la ayudante de dirección Daniela Forn recibirán el próximo 8 de septiembre el calor de sus compañeros, aplauso sentido y merecido para estos protagonistas inesperados, el vigoroso músculo de nuestra industria.


Chusa L. Monjas y Juan MG Morán

 

Carlos Alfonso | Animador


Viviendo el dibujo animado

 

Un cursillo por correspondencia impartido por Escobar le sirvió a Carlos Alfonso para encauzar el interés que siempre había tenido por el dibujo animado. Al terminarlo, comenzó a trabajar en Estudios Moro, desde donde partió años después hasta Canadá para trabajar en otra compañía. Tras una desagradable experiencia en este país, recaló en Hollywood donde fue contratado por Hanna-Barbera. Firmó por seis meses pero se quedó cinco años. "Transcurrido este tiempo, volví a España con una promesa de William Hanna. Seguiríamos trabajando para ellos desde aquí".


Desde Hollywood les mandaban el storyboard y ellos se encargaban de hacer los layouts –"en teoría, habría que hacer 24 imágenes por segundo, pero se hacían 12 y se rodaba cada dibujo dos veces"–. Una vez hecho esto, entregaban la copia filmada en película al estudio americano. Los Picapiedra, Scooby Doo, El perro pulgoso, Los autos locos, El oso Yogui, Los pitufos, Lucky Lucke y Los supersónicos son solo algunos de los archiconocidos títulos en los que participó, capítulos de series que "daban una vitalidad enorme a la industria, porque no parábamos nunca. Junto a mí llegaron a trabajar más de cincuenta personas, y sé que sin ellos habría sido imposible. Esta es una labor de equipo", declara este entusiasta del 2D, por parecerle mucho más "fresco y espontáneo" que el "acartonado" 3D.


De toda esta vida recorrida por dibujos animados, guarda un especial recuerdo de William Hanna, con el que le unió una gran amistad. "Decía que venía a España por motivos profesionales, pero era puro cuento. Venía porque le encantaba comer aquí: se ponía morado de tortilla, paella, percebes y jamón de jabugo", relata al tiempo que ríe a carcajadas desvelando que "siendo un tío súper millonario con un yate impresionante" se ponía el mandil en su casa y ayudaba a su mujer a pelar cebollas para hacer la tortilla. Alfonso manifiesta que este reconocimiento "se lo dan a una persona que ha vivido por, para y dentro del dibujo animado desde que empecé a los 24 años". También reitera que se perpetra de este modo "un homenaje a la animación en una época heroica. Contábamos con muy pocos medios y sin ayudas estatales, pero trabajábamos para medio mundo desde nuestros estudios". Las tornas hoy han cambiado.
 



Jaime Fernández-Cid Buscató | Microfonista


Saber estar en el set


Era un chaval y ya había dormido enrollado en las telas de los eléctricos, le habían regalado un trozo de película para que se hiciera un catalejo y le habían subido a una cámara-car. Son solo algunos de los muchos recuerdos "mágicos" de Jaime Fernández-Cid Buscató, que ha vivido rodeado de cine desde que tenía uso de razón gracias a su padre, "que me ha enseñado muchísimas cosas", era jefe de producción "de la vieja escuela", y a su madre, contable y cajera pagadora de cine, "de las míticas, de las que iban con los millones en la maleta". Son evocaciones de este microfonista que, desde muy pequeño, se dio cuenta de que el sonido y la música eran muy importantes para él. El sonido directo fue el camino escogido por este profesional que en 1991, en Martes de carnaval, cogió la percha, instrumento que ha sostenido en películas dirigidas por Aranda, Almodóvar, Álex de la Iglesia, Ricardo Franco, Isabel Coixet, Garci, León de Aranoa, Guillermo del Toro... "Los trabajos de ayudante dan para vivir justo. No me quejo porque este año he hecho cuatro filmes y series, pero a los que vienen se les complica muchísimo", advierte este conocido profesional catalán para quien este galardón de la Academia a los técnicos del cine español es "muy importante".


Como la extensión directa del operador de sonido define su trabajo Fernández-Cid Buscató, que más allá de la formación técnica que requiere su oficio, destaca un concepto "que se estudia en muy pocos sitios y que es el saber estar en el set. El microfonista está atravesado todo el día, y esto es algo que no te enseñan. Somos los que estamos en medio de todo el mundo, y si sabes moverte con soltura, tienes mucho ganado. Tienes que poner bien el micrófono para que no roce, estar pendiente del diálogo con el director de fotografía porque todo lo que sea atravesar la luz hace sombra, y si haces sombra, molestas. Hay que gestionar muchos matices, si habláramos de una guerra, nosotros somos los que estamos en el frente", dice. Un palo, un micro y la colaboración de otros departamentos para desempeñar uno de los trabajos "más artesanos" que existen. No ha evolucionado nada, excepto los materiales, porque las perchas en lugar de aluminio son de carbono. Una máquina no puede suplir el tacto ni la sensibilidad de una persona cuando pone un micro en la boca de un actor", apostilla.
 

Carlos Faruolo, en el que se fijó cuando solo tenía 14 años “porque me pareció muy curioso ver a un señor con cascos que lo oía todo”; Miguel Rejas y Juan Borrell son los técnicos de sonido con los que se ha forjado Fernández-Cid Buscató, quien recalca que el sonido directo es “una novedad en nuestro país, hemos llegado los últimos. En España hay muy buenos microfonistas”, resalta este técnico al que animan a escribir un libro sobre sus numerosas vivencias con el maquinista, el foquista, cuando el actor está interpretando y se acerca a él para ponerle el micro… ”Cuando estás rodando te das cuenta de lo surrealista que es nuestra profesión, porque estás bajo un chorro de agua o delante de un ventilador luchando por aguantar el micro, luego piden nieve y te la tiran encima… Y te preguntas ¿qué hago aquí?”, confiesa este profesional, que tiene muy presente la filmación de La Celestina cuando, entre pololos y enaguas, se metió debajo de las faldas de Penélope Cruz para esconder un micrófono inalámbrico, y las películas La buena estrella y El día de la bestia, donde el trabajo sonoro es el mismo, “pero la manera de estar en el set es muy distinta”.



Montse Damas | Ayudante de maquillaje


Trabajo de psicólogas


Montse Damas no le han han faltado oportunidades para ser jefa, posición a la que nunca ha aspirado “porque para mí es mucho más gratificante trabajar con todos los maquilladores de España. Voy a ser la ayudante más longeva del cine español”, indica esta conocida asistente que en lo que llevamos de año ha participado en tres películas –la última, Abracadabra–. 
 

Damas, que ya tiene cerrado 2016, reivindica la figura del ayudante porque cree que esta es fundamental “en cualquier departamento”, por eso está especialmente ilusionada con el premio de la Academia , “un recocimiento en el que jamás había pensado”, asegura esta profesional “de la vieja escuela” que hizo sus pinitos como actriz. “Era muy vergonzosa, una familiar que era peluquera de cine de toda la vida, y trabajó en todos los largometrajes de Paco Martínez Soria, me llevó a un rodaje y me cogieron como meritoria”. 
 

Desde finales de los ochenta lleva retocando intérpretes junto a Karmele Soler, Sylvie Imbert, Pepe Quetglas… "La relación que tenemos con los actores es muy estrecha. Somos psicólogas porque, quitando a la persona de producción que los van a recoger, somos las primeras personas que ven . Y si no han dormido bien, o han pasado una mala noche… Los actores son especiales, complicados, y con alguna que otra estrellita me he encontrado”.
 

Habla con devoción de la maquilladora Carmen Martín, que fue quien la enseñó “a amar y respetar la profesión. Algunos actores jóvenes con solo una película vienen con aires de grandeza, pero la mayoría te dejan hacer tu trabajo. Llevo muy mal el mundo móvil porque estás maquillando y muchos no dejan ni un segundo el teléfono, están con la cabeza hacia abajo”.
 

Trabajar en Juana la Loca, Sin noticias de Dios, El caballero don Quijote, Historia de un beso, El reino de los cielos, Tirante el Blanco, Alatriste, Teresa, el cuerpo de Cristo, Las 13 rosas, Mortadelo y Filemón. Misión: salvar la tierra, Camino, Gordos, Lope, También la lluvia, Lasa y Zabala, Exodus: dioses y reyes y Palmeras en la nieve, ha sido la mejor escuela para Damas, para quien lo más difícil es “rejuvenecer al actor. Crear un maquillaje es complicado. He participado en muchos filmes de época, estoy especializada en posticeria facial, en barbas pelo a pelo, bigotes, pero hago lo que toca”.
 

Muy metódica, Damas hace un apunte sobre la eliminación del sudor de los intérpretes: “hay que buscar el momento para no perturbar y que no se desconcierten, y eso te lo da la experiencia”.



Daniela Forn | Ayudante de dirección


Sentido común y capacidad organizativa


Lo lógico era que Daniela Forn se dedicase al cine, pero su intención siempre fue estudiar arquitectura. A esta hija de director y actriz no le dio la nota para entrar en la facultad, jugada del destino que la llevó por los derroteros que le correspondían (por derecho) para terminar arrebatada por la profesión que años atrás había embaucado a sus padres: el cine. 

Para su oficio, el de ayudante de dirección, considera que es clave tener “sentido común, mano izquierda, paciencia y aguante”. Procura estar tranquila en el set, sus maestros le enseñaron que “no hay que gritar mucho para ser más efectivos, porque, si alzas mucha la voz, al final la gente no te oye”. Según sus palabras, el ayudante de dirección “organiza y aplica sentido común, coordina departamentos, organiza el día a día en el rodaje para llegar a los tiempos lo mejor que se pueda”. Ellos son el filtro para que el director pueda concentrarse.
 

Son muchos los que han tenido la suerte de cruzarse en el camino con sus modos tan eficaces como tranquilos: de Fernando González Molina a J.A. Bayona, de su queridísimo Joaquín Oristrell al mismísimo Woody Allen. No confíaba en ser la elegida como mano derecha del archiconocido cineasta en su paseo por España, Vicky Cristina Barcelona, pero cuando se lo comunicaron vía correo electrónico se le saltaron las lágrimas. Días después, tardaría horas en escribir un primer e-mail a Allen –“tenía muy presente a quién me estaba dirigiendo. Por suerte, terminé relajándome”–.
 

Pionera como mujer ayudante de dirección en los noventa, intenta no fallar a aquellos directores “que quieren al equipo, que involucran al primero y al último en la película que tienen entre manos”. Cuando tiene frente a sí dos trabajos diferentes, se decanta por el que sea más atractivo, pero también por aquel que cuente con más “gente interesante. Nos pasamos la vida rodando. Esta es, sin duda, la mitad de nuestra vida. Más que estar en el peliculón del siglo, prefiero poder compartir todo ese tiempo con gente con la que puedo entenderme”.
 

Constante, serena y con una capacidad salvaje de trabajo, según los que la conocen, Daniela Forn se ha permitido no trabajar intensamente este verano. Esta profesional, que no se tomaba vacaciones en fechas estivales desde 2011, se muestra plenamente agradecida a este reconocimiento por todos los que trabajan a su lado, “porque están inmensamente felices. Un ayudante de dirección no hace nada si no tiene detrás un equipazo como el mío. Soy fiel a repetir con ellos, y me alegra que estén tan contentos por esto que me ha tocado vivir a mí”. Aún así, no puede evitar preguntarse “¿por qué yo? ¿Qué carrera? Si estoy en ello… Pienso seguir dando guerra”.


 



Manuel Laguna | Ayudante de montaje


Al servicio del director

 

Ha sido muy feliz en la sala de montaje y, aunque no es nostálgico, sí echa de menos la actividad, esas jornadas maratonianas en las que, de ocho de la mañana a once de la noche, “rematamos lo que se había hecho en rodaje para contar la historia de manera creíble. Había que dar su tiempo a cada plano, llevar un ritmo porque el montaje es el final de la película”, expone el ayudante de montaje Manuel Laguna.
 

Retorna a sus principios, a la sastrería en la que aprendió a cortar trajes. Pero lo que a él le gustaba era el cine y un amigo suyo, ayudante de dirección que trabajaba con los norteamericanos en Almería, le presentó en 1975 a Javier Morán, “un montador impresionante” con el que hizo tres películas de meritorio, dio el paso a auxiliar “y empecé a cobrar”.
 

Película a película transcurrieron 30 años, tiempo en el que Laguna mantuvo intacta la ilusión cada vez que empezaba un filme. “Estamos al servicio del director, que en montaje comenta los problemas que ha tenido durante el rodaje y que, a veces, se reflejan en los planos. Lo que se habla en la sala se queda ahí. El director viene cansado, estresado, y aquí se relaja, hay una intimidad que no se da en el set, porque se abren, cuentan cosas y confían en nosotros, que somos discretos”.
 

Aprendió pegado a Javier Morán, Julio Peña y Pepe Salcedo, y siempre se sintió cómodo como ayudante porque con todos los montadores ha tenido “muy buena comunicación”. Hace una mención especial a Pepe Salcedo, con el que ha estado mano a mano durante 15 años y cuyos consejos siempre tuvo presentes. “Cuando te llega el material desorganizado, Pepe siempre insistía en que tenía que saber ver los planos que faltaban para avisar en rodaje y poder repetir la secuencia antes de que cambie la localización”, relata este técnico al que la falta de tiempo le ha quitado muchas veces el sueño.
 

Más de una vez pensó que la película no llegaba a un festival, “pero siempre se llega, aunque no sé cómo lo hacíamos. En una ocasión se fue la luz del estudio y un coche estaba esperando para llevarse el copión. La presión era enorme, pero al final la película llegó una hora antes de que se proyectase en el festival”, explica. A Laguna le gustaba el contacto con la película, tocarla con las manos, y la relación con los equipos de sonido, los músicos, las mezclas… ”Hasta el estreno, la cinta no salía de la sala y tenías la sensación de que la película era algo tuyo”.
 

El premio de la Academia ha sido “una sorpresa” para Laguna, que cuenta con una extensa lista en la que figuran historias firmadas por Imanol Uribe, Gonzalo Suárez, Pedro Olea, Emilio Martínez-Lázaro, Manuel Gutiérrez Aragón, Daniel Calparsoro, Manuel Gómez Pereira y Pedro Almodóvar, con el que colaboró en doce títulos, de La ley del deseo a Los abrazos rotos

 

 


María Teresa Peris | Administradora de Peris Hermanos


Batallando con el tiempo


Estudió Filosofía y Letras pero no pudo negar el oficio que su apellido le encomendó. La casa Peris, fundada en 1840, pasó de hacer cabalgatas, obras de teatro y óperas a las primeras películas del cine mudo, para pronto convertirse en nombre indispensable de la indumentaria que ha vestido el cine español durante décadas. María Teresa aprendió corte y confección cuando tenía 18 años, pero se enorgullece de haber tenido en su equipo “al mejor sastre y la mejor modista que ha habido en España, Francisco Chamón y Mari Sánchez”. Su labor era otra: recibía a los figurinistas y les ponía en contacto con estos profesionales, pero “cuando había estreno y nos quedábamos hasta las 12 de la noche ayudaba, sin ningún problema, a coser botones”. Peris Hermanos tenía “muy buenas oficialas, bordadoras y sombrereras. Siempre hemos presumido de tener los mejores tejidos: sedas naturales, lanas 100%, algodones buenísimos y casi nada de sintéticos”.
 

No pisaba el rodaje, pues trabajaba desde la sastrería ubicada siempre en pleno corazón de Madrid –primero en Atocha 70 y, con los años, en el Palacio de los Marqueses de Torrijos (Magdalena 17)–. Lo cual no le impedía tratar en primera persona con los diseñadores de vestuario más reconocidos de nuestro país, a los que enumera con un cariño especial: “Miguel Narros, Pedro Moreno, Javier Artiñano, al que queríamos especialmente, y dos figurinistas que empezaron con nosotros: Sonia Grande y Lala Huete”. Capítulo aparte merece para ella “Yvonne Blake, el genio de los genios. Aparte de sus magníficos figurines, siempre me impactó su organización en el trabajo, tan perfecta que era sencillísimo trabajar a su lado”.  Mano a mano compartieron producciones como Remando al viento, Don Juan en los infiernos y Canción de cuna, entre otras.
 

Profesionales aparte, su carrera no habría sido la misma sin la complicidad de sus hermanos María Luisa y Eduardo, su cuñado Luis O’Connor, su marido Jesús y sus sobrinas Cristina y Almudena. Recibirá este homenaje con el recuerdo clavado en los suyos y con el convencimiento de todo lo que le ha dado este oficio, “para mí ha sido muy hermoso dedicarme en cuerpo y alma a esta profesión artística. Ver trasladados los figurines a la gran pantalla no tiene precio”. Tras cincuenta años trabajando en la empresa que los miembros de su familia pusieron en pie a mediados del siglo XIX y que, aún hoy, mantienen en la brecha, no echa de menos su trabajo porque sigue pasando por la sastrería cuando le apetece. Ahora tiene la suerte de no tener que pelear con el mayor enemigo que ha tenido todos estos años, “el tiempo”.

 

 

Esperanza Velasco y Manuel González | Directores de Legiscine


Una labor menos vistosa


Lo suyo es el despacho, donde Esperanza Velasco y Manuel González elaboran contratos de trabajo, comunican las altas y bajas a la Seguridad Social, preparan nóminas, controlan el vencimiento de contratos o las antigüedades, entre otros muchos servicios de la asesoría y gestión para cine y televisión que dirigen, Legiscine.
 

Fundada hace 50 años por Valentín González y Mari Carmen Sala, esta consultora ha realizado una labor pionera porque fue en las primeras películas producidas en España por Samuel Broston donde intervino gestionando las contrataciones del personal español. “Poco a poco, nuestra industria española se fue concienciando de sus obligaciones laborales y sociales, y productores como Dibildos, Querejeta, Masó, Matas, Borau, Forqué o Ducay, entre otros muchos, nos contrataron para cumplir con ellas”, cuenta Velasco.
 

A base de “esfuerzo y trabajo” han sensibilizado a los productores de la necesidad de proteger a los técnicos y actores. "Hay que seguir luchando, siempre hay derechos por conquistar. Con la crisis se han dado muchos disparates, y muchos profesionales, ante la falta de ofertas, han regalado su trabajo. Hay que tener en cuenta que en este sector no se cobra todos los meses porque no se trabaja todo el año”, relata.
 

Velasco sabe que realizan una labor “menos vistosa, poco glamourosa, pero que tiene unas peculiaridades que hay que conocer muy bien para que todo sea correcto. Por eso nos ha emocionado tanto el premio de la Academia”, dice esta directiva, que comparte con Manuel González la dirección de Legiscine, que cuenta con ocho empleados. 
 

Han gestionado y apoyado El laberinto del fauno, Los santos inocentes, El bola, La colmena, Amanece que nos es poco, Camino, La vaquilla, Demonios en el jardín, Tormento, Los amantes del círculo polar, Juana la Loca, El bosque animado, La escopeta nacional, La buena estrella, Amantes, El sur, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, Días contados, Furtivos, Cría cuervos, Deprisa deprisa, Arrebato, La teta y la luna, Remando al viento, La caja 507, 7 días de enero, Tata mía, Las bicicletas son para el verano, Las cosas del querer, Nadie quiere la noche, Alatriste, Nadie conoce a nadie, La vida secreta de las palabras, La novia, La isla mínima, La herida, Primos, Mi gran noche, La gran familia española, Vivir es fácil con los ojos cerrados, Relatos salvajes, La mula o Musarañas, y en todas las películas de Fernando Trueba, Garci, Almodóvar, Santiago Segura, Amenábar, Alberto Rodríguez, Ray Loriga, Agustí Villaronga, Iciar Bollain, Juan Cavestany… Pero recuerdan como si fuera ayer la producción que más quebraderos de cabeza les ha dado: Conan el Bárbaro. “Nos marcó. Recuerdo que nos daban por teléfono la afiliación de las personas a las que había que dar de alta cada día. Y una por una, escribíamos a máquina los datos de todas ellas”, expone Velasco. 
 

“La filosofía de la empresa es ayudar, y eso es lo que hacemos incluso cuando no sabemos si el proyecto acabará siendo película”, comenta González, a quien el galardón de la institución le ha dado una razón más para seguir adelante. 
 

A este directivo siempre le ha llamado la atención “la dedicación, la entrega y el entusiasmo” de la gente del cine, y cuando se sienta en la butaca “no veo solo la película, porque conozco los problemas que tuvo, que en una escena se cayó un especialista, que fue un rodaje en el que hubo un accidente…”.
 

González advierte que es un sector en el que “nadie tiene asegurado un sueldo todos los meses, y que solo se jubilan los que pueden. Una primera figura no lo es siempre, son etapas en las que ganan premios, se ponen de moda, los guionistas piensan en su nombre cuando están escribiendo, pero van envejeciendo y ya no hay tantos papeles y se ven en la tesitura de que hacen una película cada cuatro años”, avisa. 




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