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Seducidos por la libertad creativa

Alberto Vázquez, Isabel Herguera, Daniel Martínez, Rafael Cano y Silvia Carpizo reflexionan sobre las historias en pequeño formato

13/05/2016 | Reportajes
Seducidos por la libertad creativa

©La dama y la muerte, de Javier Recio

Menor financiación, menos plazos, menor duración… pero mucha más libertad creativa. Estas son las reglas del cortometraje de animación. Sus creadores se atreven con el 'más difícil todavía' abordando un tipo de trabajo que difícilmente tiene un retorno económico, y desafiando los prejuicios que lo consideran una antesala para otros proyectos –en formato–, y producciones destinadas únicamente al público infantil –en técnica –. Nos ha traído alegrías en los Oscar de Hollywood, con la nominación de Javier Recio en 2010 con La dama y la muerte; y han dado inicio a sagas como la de Tadeo Jones, que encumbró a Enrique Gato, pero más allá de estos hitos apenas llegan a los medios de comunicación ni a los espectadores.

Por María Gil Soriano



Es cine con mayúsculas y un fin en sí mismo, como defienden aquellos que lo cultivan en este momento. Alberto Vázquez estrenará Decorado en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, historia con la que regresa al corto después del largometraje Psiconautas, codirigido con Pedro Rivero. Desde la animación más independiente, Isabel Herguera llevará Amore d’inverno a festivales como Annecy o Anifest. Daniel Martínez y Rafael Cano aún aguantan la resaca de Alike, ganador del Goya 2016 a Mejor Cortometraje de Animación; y Silvia Carpizo está inmersa en la preproducción de The Neverending Wall, proyecto avalado por Chelo Loureiro y seleccionado en Clermont-Ferrand y Animac. El corto de animación satisface las inquietudes creativas de todos ellos. 

 

A CAMBIO DE NADA
 

“Desde un punto de vista económico no sale rentable”, reconocen los impulsores de Alike, que pudo salir adelante gracias a los recursos de Pepe-School-Land y el respaldo de Nicolás Matji como productor ejecutivo, pero también el apoyo de sus familias. “Se hace porque a uno le gusta o tiene la necesidad de hacerlo, nunca con la esperanza de sacarle un provecho económico”, respalda Herguera. 
 

Más optimista es Alberto Vázquez. “Puede salir relativamente rentable si lo organizas todo muy bien y tus productores hacen un buen trabajo, pero es difícil vivir de ello. En España se han rebajado las ayudas al cortometraje y en Galicia las han eliminado. En el País Vasco, de donde es mi productora Uniko, sí se mantienen y tienen catálogos de distribución”, explica el creador, al que ha apoyado Canal + (ahora Movistar+) en todas sus aventuras en este formato. 
 

Las ayudas estatales han sido fundamentales en la filmografía de Herguera, que cifra entre 6 000 y 9 000 euros lo que cuesta un minuto de animación independiente. “Además hay que distribuir, hacer copias, envíos y ahí los cortometrajistas estamos bastante desprotegidos”, apunta Vázquez. El ICAA, Culturarts, Clermont-Ferrand y la Universidad Politécnica de Valencia han hecho posible The Neverending Wall, historia que también respalda Movistar+. “Creo que es fundamental que el Estado apoye al cortometraje, pero no se puede obviar la financiación privada”, sentencia el director de Decorado.
 

Hay tantos presupuestos como proyectos, de los 150 000 euros de Kafka’s Doll a la mínima inversión que supuso Zepo, la animación con arena de César Díaz Meléndez, pasando por la financiación a Amore d’inverno por parte de unas bodegas italianas, con la petición de que las imágenes reflejaran el paisaje del Piamonte.
 

También el crowdfunding se revela como una tendencia para sacar adelante proyectos. Y si no que se lo digan a Juan y la nube, ganador del Goya en 2015, o Viaje a pies, seleccionado en Annecy. “Ayudan a cubrir parte de ella. Además sirve de difusión del proyecto y la gente suele interesarse por el desarrollo del corto”, explican Martínez y Cano. 

 

©Decorado, de Alberto Vázquez

 

EL FESTIVAL COMO VENTANA
 

Sus historias tienen como destino los festivales de animación, pero también los apartados de cortometraje de los certámenes de imagen real, que a veces crean una sección específica para esta técnica (Anima’t en Sitges), y otras veces les confrontan con todo tipo de producciones.
 

“En Cannes no hay distinciones entre géneros, todo se considera cine de autor, sin separaciones”, recuerda Vázquez, que también estará en la sección oficial de Annecy con Decorado, mientras que Herguera defiende que “idealmente no deberían de existir categorías, pues todo es cine. El problema es que apenas hay cultura de animación. Por eso se hace una categoría específica, para ver los trabajos dentro de un contexto y que se puedan entender mejor”.
 

Martínez y Cano celebran esta variedad y desvelan que les suele hacer ilusión cuando les seleccionan con cortos de imagen real “porque nos permite tener más visibilidad. Pero es muy difícil competir en igualdad de condiciones”, reconocen.
 

No se resignan a quedar recluidos al circuito de festivales y sus creadores apuestan por buscar nuevos vehículos para llegar a los espectadores. “Hace falta ampliar nuestra cultura visual, utilizar espacios más populares. No solo en los cineclubes o festivales, sino también en la televisión, en las escuelas, los museos o en el metro”, apunta Herguera.
 

Vázquez lanza al aire una propuesta: “por ley, creo que deberían pasar en los cines un cortometraje antes de un largo, sobre todo en películas de TVE”. Por su parte, los responsables de Alike recuerdan que “en internet cada vez hay más plataformas comerciales donde el principal atractivo es la difusión de cortometrajes”. Prueba de ello son Amor de mono o la saga Bendito Machine, a los que Vimeo les ha dado visibilidad internacional. 


©Amore d'inverno, de Isabel Herguera

 

AUTORÍA Y EXPERIMENTACIÓN ARTÍSTICA
 

El corto de animación se erige como un espacio de experimentación, donde caben todo tipo de propuestas, desde lo más transgresor y novedoso visualmente, a las técnicas más artesanales. Una máxima que Herguera ha llevado hasta las últimas consecuencias. “Me aburro de usar siempre el mismo material, de esta manera se provocan imprevistos y accidentes que pueden ser muy provechosos para la historia. En muchos casos, se transforma, adquiere otro ritmo, otra atmósfera”, explica.
 

En su mayoría son proyectos muy personales, en los que queda patente la autoría de sus creadores, muchos de los cuales aterrizan en la animación desde otras disciplinas. “Venir de otros campos enriquece tu visión global del mundo de la animación. El cómic, por ejemplo, te aporta mucha agilidad narrativa e imaginativa, y la ilustración te aporta conceptos y un dominio del acabado gráfico”, argumenta Vázquez, que busca que sus historias tengan “personalidad tanto estética como narrativa”.
 

Con una formación en Historia del arte, Carpizo ha optado por introducir la cultura urbana y el grafismo en la animación. En The Neverending Wall lo hace mezclando imágenes animadas en 2D con grabación de las pinturas de la East Side Gallery del muro de Berlín. Su historia es “una llamada de atención a la deshumanización cotidiana” destinada a un público adulto. Al igual que los trabajos de Vázquez, que con Decorado propone “una irónica fábula existencialista sobre el sentido de la vida y la libertad del ser humano”. 

 

©The Neverending Wall, de Silvia Carpizo

 

ANIMADOS POR EL CORTO
 

Los cinco creadores esperan volver a este formato en el futuro. Aunque los próximos proyectos de Vázquez pasan por el largometraje Unicorn Wars (con reminiscencias de su corto Sangre de unicornio) y una serie de televisión, el director reconoce que le encanta transitar por el mundo del corto. “Hay proyectos completamente marcianos y grandísimos artistas”, asegura.
 

También Silvia Carpizo tiene en mente su próximo trabajo, tras The Neverending Wall. “El concepto ya está concebido, de momento en formato cortometraje, pero no descarto la realización en un futuro de un largo, si se me diera el apoyo para ello. En pequeño o gran formato es cine, es lo que me mueve, y me motiva cada día”. 
 

Aún con Amore d’inverno circulando por festivales, Isabel Herguera dedica sus horas a un nuevo corto en colaboración con Izibene Oñederra, que formará parte del largometraje Kalebegiak, un retrato sobre San Sebastián a través de la mirada de 15 cineastas. 

 

UN FIN EN SÍ MISMO
 

Ha sido una plataforma para que animadores como Jesús Orellana cruzaran el Atlántico para trabajar en Hollywood; a otros, como al propio Vázquez, les ha servido para dar el salto al largo, pero los directores insisten en reivindicar su estatus de arte propio. El responsable de Decorado pide que se supere su visión de “películas pequeñas” o “cantera para futuros directores”, mientras que Carpizo pone el foco en la industria. “Necesitan un espacio dentro de las grandes empresas de animación“.
 

¿Y por dónde irá el futuro de este arte propio? “Lo primero sería definir cuál es la función que desempeñan (formación, bien cultural, producto comercial, etc.) y a partir de ahí ver cómo potenciar ese valor”, apuntan los responsables de Alike, que se fijan en Disney-Pixar. “Suelen utilizar el corto como medio de investigación y promoción de nuevos directores, justificando así su financiación”, explican. 
 

“Los cortometrajes de animación son la punta de nuestra industria y talento creativo”, defiende José Luis Farias, director de 3DWire. Él tiene claro que la asignatura pendiente es la difusión: “es importante ayudar a que se sigan haciendo, no solo con ayudas económicas sino con la visibilidad que se merecen y no siempre tienen en nuestro país. Lo verdaderamente útil sería recuperar algo tan bonito como poder ver cortos antes de las películas”. 

 

©Alike, de Daniel Martínez y Rafael Cano



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