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El uso de la música en el cine iberoamericano
  • Foto: ©100 metros, de Marcel Barrena, a la que pone musica Rodrigo Leao

El uso de la música en el cine iberoamericano


El espacio de 'ACADEMIA' dedicado a la música de películas aborda las dificultades de la música en las industrias más destacadas

Por Miguel Ángel Ordóñez y David Rodríguez Cerdán

La situación actual de la música en algunas de las cinematografías más potentes de Latinoamérica no parece demasiado halagüeña. La falta de una industria sólida y las dificultades económicas para financiar un cine de calidad dirigido al gran público han alentado el nacimiento de películas independientes, casi clandestinas, incapaces de asumir mínimamente los costes del proceso musical. Otras iniciativas, como el sistema de coproducción entre países, parecen no haber mitigado el problema, sino echado más leña al fuego.


“En Argentina hay un afán desmedido por encontrar a un músico con pasaporte español para poder participar de las coproducciones de las películas más interesantes de allí, lo que ha deteriorado el empuje por la apuesta de nuevos talentos. Los filmes que nos quedan son de corte menor”
, confiesa, no con cierto desconsuelo, uno de los grandes compositores sudamericanos, el argentino Emilio Kauderer, curtido en mil batallas de la mano de directores como Campanella o Aristarain. Sin embargo, para el último ganador del premio de la Academia argentina, el sanisidrense Pedro Onetto, el futuro parece deparar algunos ‘brotes verdes’. “Creo que el desarrollo de la industria del cine en Argentina ha crecido en los últimos años, y con ello ha mejorado la calidad técnica y artística. El nivel profesional de los compositores y del resto de profesionales es excelente, aunque el mercado sigue siendo pequeño y los presupuestos exiguos. En lo musical, ha habido mucho desarrollo y diversidad en el número de géneros musicales que se utilizan en el cine y eso es muy positivo”.

No les andan a la zaga en la industria mexicana como descubre Jacobo Liberman, uno de sus buque insignia y ganador de tres Premios Ariel por La jaula de oro, Desierto adentro y Carrière, 250 metros. “Por el lado económico creo que sigue siendo difícil vivir de la música para cine exclusivamente. Te tiene que ir muy bien y tienes que tener trabajo continuo para lograrlo. En la parte de postproducción, el presupuesto que queda es ínfimo. Por hablar de lo positivo, se está experimentando bastante en el cine de autor. Esto y las nuevas tecnologías hacen que sea más fácil que otro tipo de músicos incursionen en el cine”.
 

“Por sus bajos costes y su sencilla manipulación, los instrumentos virtuales terminan siendo una importante ayuda a la hora de realizar grandes orquestaciones para películas con muy poco presupuesto”, indica, continuando con esta argumentación, otro de los tótems del actual panorama latinoamericano, el compositor venezolano Nascuy Linares, cuya participación en El abrazo de la serpiente le ha reportado no pocos premios, desde el Fénix iberoamericano al Macondo que entrega la Academia colombiana. “Pienso que el uso de la música en el cine de mi país se ha transformado mucho en este milenio. Creo que ahora se emplea con mucho más cuidado que en el cine venezolano del siglo XX, y eso es un gran avance.  Pero falta mucho por hacer en el ámbito de la música cinematográfica. Por ejemplo, el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas que abarca todo el país podría integrarse más eficazmente a la música original de las películas que se producen en la región. La música para el filme de Alberto Arvelo, Libertador, compuesta y dirigida por Gustavo Dudamel e interpretada por la Orquesta Sinfónica ‘Simón Bolívar’, fue un ejemplo muy importante en este sentido y sería sensato replicarlo”.

 

Oficio técnico 


Al otro lado del charco, el cine de nuestro vecino portugués sigue sufriendo importantes problemas de financiación. Con un pie en el medio y otro en su carrera de artista solista, Rodrigo Leao, autor de la música incidental de 100 metros, de Marcel Barrena, opina que la situación del cine y la música en Portugal “es muy pobre. No se puede vivir de ello, aunque en los últimos años han crecido las músicas para películas en este país. Tendría que haber mejores condiciones, pero soy optimista porque nuestro cine está resurgiendo y colocándose en el panorama internacional. Hay grandes cineastas como Costa, Martins, Serra Montero… ”.
 

A la hora de poner sobre la mesa la condición de artista del músico de cine, Leao se muestra rotundo: “el público no entiende si hay música de librería o lo que oye ha sido compuesto para un filme, por lo que la música cinematográfica no goza de la aceptación que debería”. Difícil cambiar esa percepción cuando, como asegura Kauderer, “en México, en particular, los directores y productores se manejan con supervisores musicales. Les importa más la canción del momento que la música dramática, a la que relegan a un segundo plano. Es triste, pero en el mundo del cine el compositor solo hace un oficio técnico”.



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