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Bárbara Lennie: "Si no puedo vivir la vida, no puedo contarla"

La actriz desgrana su paso por Cannes, donde se presentaron Petra y Todos lo saben 

18/07/2018
Bárbara Lennie: 

Foto: ©Quim Vives

Bárbara Lennie se duplica en Cannes. En la edición con más cine español de los últimos años, la actriz de origen argentino ha podido vivir en primera persona el boato de una película inaugural entre Cate Blanchett, Martin Scorsese y Julianne Moore (Todos lo saben, del director iraní Asghar Farhadi) y la apuesta de una cinta más pequeña en la Quincena de Realizadores (Petra, de Jaime Rosales), que se juega mucho en la oportunidad única que es ser vista en la Croisette. Rostro inevitable en nuestro cine desde su espaldarazo con Magical Girl, Lennie ha decidido tomarse un respiro y detenerse un momento para absorber de la vida las herramientas que le permiten explicarla.


Por Enrique F. Aparicio




Se estrena en el Festival de Cannes y, además, por partida doble. ¿Cómo ha vivido su paso por el festival más importante del mundo?

Como un regalo maravilloso de la vida. Cannes siempre está en tus fantasías, es un festival que genera muchas cosas y el centro de la industria del cine. Era un deseo y un sueño participar, sobre todo porque eso significaba que habría hecho alguna película que merecía estar ahí. Ir con la de Asghar a inaugurar y con Petra a la Quincena ha significado una sensación de plenitud. También algo extraño: muchos estímulos, mucho circo, mucha extravagancia… Muy divertido de ver y de analizar.


Cannes es el gran escenario del talento mundial, ¿es inspirador saberse rodeada de algunos de los cineastas que están marcando el cine actual?

Entré en una atmósfera irreal, porque estábamos sentados y allí estaban Cate Blanchett, Kristen Stewart, Scorsese, Julianne Moore a dos butacas de distancia… Es gente a la que admiro y que iban a ver una película que hemos hecho nosotros. Es un estímulo para seguir, para cargarte de energía y de ilusión. Salir de los lugares habituales de tu mundo, de la producción española, y comprobar que hay muchas posibilidades ahí fuera y que son reales, que pueden ocurrir.

La Croisette también es el epítome de la cara más glamurosa y mediática de su oficio. ¿Disfruta de esa exposición? ¿Le parece que va unida sin remedio al trabajo cinematográfico?

Sin remedio no sé, depende de las películas que hagas y dónde te muevas. Hay muchos cineastas y actores que nunca vivirán estas cosas, es una profesión heterogénea. Cannes es el máximo exponente del supuesto glamour y demás, y yo lo disfruté como parte del show, del conjunto. Es verdad que hay algo en esa alfombra, en la música que ponen, que vivido por primera vez es muy bonito. Más allá de la presión sobre los cuerpos, los looks… si lo intentas obviar y hacer lo que te apetezca y defenderlo con tranquilidad, es muy disfrutable. En la Quincena de Realizadores no hay photocall, sino un encuentro con periodistas, es otro tipo de acercamiento y ambos conviven de manera orgánica en el festival. 

El cine español, después de algunos años de ausencia,vuelve a Cannes con apuestas potentes y más pequeñas. Su presencia conecta Todos lo saben, película inaugural de flamante reparto internacional y director con dos Oscars; y Petra, cinta más íntima en la Quincena de Realizadores. ¿Cómo cree que ha ayudado el festival a una y otra?

Espero que haya ayudado en cuanto a ventas, que al final es para lo que sirve el festival. Y las películas muchas veces viven de las ventas internacionales. Todos lo saben, por los nombres que hay detrás, a priori lo tiene más fácil, aunque nunca se sabe. Petra es una película más pequeña, de las que en los festivales se juegan bastante. Y fue muy bien, la proyección fue muy bonita, gustó y hubo muy buenas críticas. Es un sustento para el equipo, que ha arriesgado mucho para hacer esta película.

¿Impone trabajar junto un Asghar Farhadi, Javier Bardem y Penélope Cruz?

Imagínate. El reparto me imponía mucho, y sigo y admiro a Asghar desde hace años. De repente te llama para una prueba y dices: ay, amá, qué onda. Es un director extremadamente exigente, un trabajador incansable, con un nivel de precisión muy fuerte. Estoy orgullosa de haber podido estar a su altura, y de compartir escenas con un actor como Javier, bastante descomunal, al que es emocionante ver trabajar. Me impuso pero fue increíble. Asghar me dijo que sí finalmente cuatro días antes de empezar a rodar, así que no tuve tiempo de ponerme nerviosa, había que trabajar. 

¿Qué le atrajo un proyecto como Petra?

Me apetecía acercarme a la mirada de Jaime, un cineasta que propone un tipo de cine muy autoral, una forma de hacer que me apetecía descubrir. Hice algunas pruebas y surgió la posibilidad. Después leí el guión y me pareció una historia muy poderosa. Una no recibe tantas veces una protagonista compleja, que lleva la historia, la heroína. 

Ambos son ejemplos de cintas donde los papeles femeninos tienen un peso fundamental, sobre todo Petra. ¿Siente que le ofrecen personajes a la altura de lo que el público –en especial las mujeres– demanda?

En estos dos casos, pienso que sí. También en La enfermedad del domingo o Una especie de familia. He tenido esa gran fortuna en las últimas películas que he hecho. Es poco habitual y estoy muy agradecida. No es cuestión del número de secuencias, sino de la construcción, de cómo se plantea el personaje aunque salga en cuatro escenas.

En los años que lleva trabajando en la industria, ¿nota pasos adelante en el camino hacia la igualdad?

Sí, pero en mi caso particular ha sido algo de los últimos años. No me gustaría generalizar porque hablo con compañeras y no siempre es así. Creo que han cambiado las formas de contar, las mujeres que se retratan, y es solo el principio. La suma de voces de mujeres que escriben, dirigen y producen sí está aumentando de manera evidente, y somos todos conscientes de que es un camino sin vuelta atrás. Es la única forma de seguir evolucionando en lo artístico, en las narraciones. Necesitamos de la incorporación real de la mujer en toda su diversidad.

 

 Foto: ©Teresa Isasi

 

Seguir su instinto y escucharse



Nely Reguera es prácticamente la única directora con la que ha hecho un papel importante en los últimos años. ¿Cree que eso habla de la desigualdad del cine español?

Es una realidad. Hay muchas menos mujeres directoras y guionistas que hombres, es estadístico. He tenido la suerte de trabajar con Nely y este año a lo mejor trabajo con una o dos directoras, pero no es tan fácil porque hay pocas. Y las que hay lo tienen muy complicado para ser vistas, tienen que hacer un doble esfuerzo para que sus películas sean visibles y estén consideradas. La desigualdad sigue siendo real, el retrato de los personajes del que hablábamos antes tiene que ver con quién los cuenta.

Ha decidido tomarse un pequeño descanso después de varios años encadenando proyectos. ¿Le inquieta dejar de estar en primera línea?

A veces hay que elegir entre tu inseguridad y lo que te está pidiendo el cuerpo, y he procurado seguir mi instinto y escucharme. Siempre he tenido energía y ganas de hacer, de trabajar, de viajar, de estar fuera y moverme con gente que admiro. Ahora también la tengo, pero necesito descansar porque hay un momento en el que, si no puedes parar y respirar, si no puedes volver a llenarte de cosas, no las puedes contar. Me dedico a contar la vida, y lo hago con mucha entrega y amor a mi oficio, pero si no puedo vivirla no puedo contarla. Siempre he tenido la sensación de que hay que estar preparado para todo, y el trabajo vendrá o lo buscaré o lo crearé, pero no puedes supeditar tus deseos a la posibilidad de que no te llamen nunca más.

El miedo a que no suene el teléfono va casi con el oficio de actor pero –ahí están las estadísticas– más para las actrices que alcanza una determinada edad. ¿Nota que sigue siendo así? ¿Le preocupa?

Me enfada, me parece una injusticia. Porque es una edad súper atractiva en las mujeres. Esa madurez es bella: ya has vivido mucho, puedes contar muchas cosas mejor que con 25 o 30 años. Y de repente no hay papeles porque no cuadras en los estereotipos femeninos de la hija, la guapa… Es un delirio, lamentable. Tengo la esperanza de que haya una evolución en este sentido. Yo vengo del teatro y en eso es mucho menos injusto que el cine. Las mujeres maduras son necesarias, son las que cuentan las grandes historias. Siempre nos quedará el teatro.

Hay papeles que marcan carreras y en su caso muchísima gente la descubrió con Magical Girl, trabajo que le valió el Goya. ¿Tenía la intuición de que iba a ser un rol importante?

Tenía la intuición de que iba a ser una película importante. Cuando lo leí me dio la impresión de que no había leído nada parecido. Había visto Diamond Flash, pero vi enseguida que esto tenía otra envergadura. Carlos Vermut es un cineasta que tiene mucho que aportar. El personaje de Magical Girl estaba tan lejos de lo que había hecho hasta ese momento que vi la oportunidad –que queremos todas– de mostrar otra cara, otra versión de ti misma que no es la más evidente. Sentí que iba a ser importante para mí como actriz, como artista.

Durante estos años de intenso trabajo audiovisual no ha dejado el teatro. ¿Cree que puede llegar un momento en el que tenga que elegir? ¿Le costaría tomar una decisión?

Ya he tenido que elegir, el teatro que he podido hacer se debe a que eran periodos cortos de tiempo, que he podido manejar. Es muy complicado que ahora mismo me pueda comprometer con una función con año y medio de gira, no entra dentro de mis planes. Pero son etapas. No lo he dejado nunca porque no quiero y porque no puedo. Habrá momentos en los que me pueda dedicar más plenamente, pero no quiero dejarlo en ningún caso.

Su trabajo en Todos lo saben y Petra se han visto en Cannes, La enfermedad del domingo en Berlín, Contratiempo es un éxito en China… ¿Se ve trabajando en mercados extranjeros más allá del ámbito hispano?

Sí, por supuesto. Me encantaría, porque me parece que es la suerte que tenemos como actores y actrices: podemos trabajar en cualquier lugar del mundo. Después de trabajar con Asghar, que no habla español pero viene aquí y hace un película, veo que hay algo en las lenguas que se supera, que hay niveles de comunicación que traspasan los idiomas. Soy una buscadora de gente con talento, y me da igual irme donde sea para encontrarlo.

Ha comentado que le apetece hacer pruebas en Hollywood pero no irse a empezar de cero. ¿Qué tendría que tener el proyecto americano que le seduzca?

Pueden ser muchas cosas. Podría ser hacer Wonder Woman, algo para mí alucinante porque esa envergadura aquí no la hay; hacer una película con un director o una directora que me encante... La aventura vale la pena en la medida de que alguno de los factores te compense.








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