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Paco Rodríguez Frías: "La satisfacción está en el reto"

El ganador del Goya al Mejor Maquillaje y Peluquería por Las brujas de Zugarramurdi se incorporó recientemente a la Academia en dicha especialidad

14/05/2018
Paco Rodríguez Frías:

Foto: © Enrique F. Aparicio

Suyos son los peinados extremos de Las brujas de Zugarramurdi o la coleta ‘choni’ de Maribel Verdú en Abracadabra, trabajos que le valieron sendas nominaciones a los Premios Goya. Cuando de niño Paco Rodríguez Frías veía películas, sin saber qué había detrás de las cámaras, no podía imaginar que el responsable de los peinados era un profesional en el que él se podía convertir. Entonces ya soñaba con ser peluquero, objetivo que le acercó a las artes en 1998, cuando dejó su Córdoba natal para trabajar en el Teatro Real de Madrid durante diez años. Armado con peine, secador y postizos, ha compaginado teatro, moda, televisión y cine, medio en el que debutó con Carne de gallina. Pablo Berger, Álex de la Iglesia, Rodrigo Sorogoyen y Juanma Bajo Ulloa, son algunos de los directores con los que ha trabajado este especialista en peluquería, para el que “el peinado nos cuenta muchas cosas de un personaje”. Tras el rodaje de El árbol de la sangre, de Julio Medem, y El reino, de Sorogoyen, no puede esperar a sumar un nuevo reto: la próxima película de Isabel Coixet.

 

Por María Gil




Ha trabajado con cineastas muy diferentes y reconocidos de nuestro cine ¿Qué le pide el director?

 

Al leer un guión mi cabeza se dispara. Luego tengo la primera reunión con el director y ponemos puntos en común. Hay realizadores que lo quieren todo muy simple y natural y otros a los que les encanta la caracterización, e incluso siempre le están dando una vuelta para que vaya un punto más allá. Unos lo tienen clarísimo y hay directores, como Pablo Berger, que se deja aconsejar y con el que investigas y te nutres de la calle.

 

Y empieza el proceso de creación

 

En Abracadabra por ejemplo fuimos a mercados, a la calle, a barrios, a puertas de colegios. No era la gente de mis círculos ni de la zona donde vivo, pero sí un tipo de sociedad y de look, que nos parece una locura, pero que la gente los lleva. Con Maribel Verdú hicimos eso. Iba un día en el metro y vi a una señora con el pelo con mechas y una coleta encrespada. Le hice una foto y le mandé un whatsapp a Pablo: ‘esta es Maribel’.

 

¿Qué aporta el peinado a un personaje?

 

El corte y el estado en el que está el pelo nos cuentan muchas cosas: el estatus social, el trabajo que desempeña y el círculo en el que mueve. Siempre partimos de tres puntos: quién es este personaje, quién ha sido y quién va a ser. A partir de esta trayectoria, se forma un hilo conductor y se crea un sentido. Todo aporta a la hora de que el actor se ponga delante de la cámara. El 50% del personaje es vestuario, maquillaje, peluquería y dirección de fotografía.

 

¿Qué es lo más complicado?

 

El rodaje es lo más duro. La parte que más me gusta es el  proceso de creación. Una vez que el personaje está hecho, para mí es lo más aburrido. Y no es menos difícil, porque las circunstancias en las que rodamos afectan al pelo un montón. La humedad, el viento, el estado de ánimo de los actores, la alimentación, la climatología…. con lo cuál estás luchando con muchos elementos. La actriz tiene todos los días el mismo pelo, pero el pelo no es todos los días el mismo. Rodar con niños también dificulta mucho.

 

No se puede hablar de su carrera sin recordar el Goya a Mejor Maquillaje y peluquería junto a María Dolores Gómez, Javier Hernández y Pedro Rodríguez ‘Pedrati’ por Las brujas de Zugarramurdi.

 

Para mí fue un antes y un después. Rodamos en condiciones extremas durante quince días, de noche y en una cueva real, con un aquelarre y cientos de  figurantes, actores colgados en cruces, el fuego en los pies… fue una experiencia y un reto que no voy a olvidar nunca. Álex es una persona que todo lo que le propongas le va a parecer poco, con lo cuál tu cabeza puede volar y volverse completamente loca para hacer fantasías y todo lo que puedas imaginar.

 

¿Qué hace falta para salir indemne de un rodaje?

 

Capacidad de resolución. Si hay una peluca que da problemas o que se tiene que meter dentro del mar, como ahora  ha sucedió en la última película de  Julio Medem, donde un montón de personajes que llevan apliques, pelucas y extensiones están dentro del agua, tienes que estar dispuesto a resolver cualquier problema en cualquier situación.

 

¿Qué tipo de película le gusta que le propongan?

 

Siempre bromeo con que estoy deseando hacer una película de monjas, pero luego no es verdad, porque por suerte cada proyecto que me llega es un reto y cada vez más difícil. No hay películas fáciles. La satisfacción está en el reto.

 

¿Cuáles son sus fuentes de inspiración?

 

La pintura. Me encanta ver exposiciones. Y luego el trabajo de gente que admiro.

 

¿Tenemos referentes en el cine español?

 

Tenemos una institución, que es una posticera que aún trabaja en el Teatro Español con más de 90 años, Antoñita, viuda de Ruiz. Y Julipi, su marido. Gregorio Ros, que hizo La niña de tus ojos o El embrujo de Shanghai, es un referente y Ester Martín, responsable de El perro del hortelano.

 

Son especialistas en trabajar en tándem con los maquilladores y luego su departamento con el de vestuario

 

Se necesita complicidad, trabajar codo con codo.  Si el maquillaje, la peluquería y el vestuario van cada uno por su lado, el personaje será un cajón en el que se han echado cosas. Mis  mejores amigos son de vestuario.

 

Antes siempre el maquillador era el jefe del departamento. Ahora, cada vez más, hay  un jefe de maquillaje y  un jefe de peluquería. Creo que, dependiendo del proyecto, está muy bien crear el personaje completo o que el especialista en maquillaje esté exclusivamente dedicado al maquillaje. Hay filmes que los puede hacer el mismo profesional y otros que necesitan de las dos figuras.

 

Los oficios técnicos no siempre tienen visibilidad, pero son cruciales en los filmes. ¿La peluquería siempre ha sido un oficio invisible?

 

En la Edad de Oro del cine clásico, las estrellas de cine, si no era con su maquillador y su peluquero, no trabajaban. Ellos eran los grandes aliados de las actrices y tenían la misma importancia que un director de fotografía, porque todo se planteaba para favorecer y que la intérprete saliera bellísima. Ahora se normaliza todo mucho más. Los grandes divos ya están en desuso y con los actores se  trabaja más de compañero a compañero. Pero sin duda la peluquería es un oficio que se tendría que poner en valor.

 

¿Por qué le parece importante estar en la Academia?

 

La gente joven tenemos que apoyar el cine español y una forma de apoyarlo es siendo miembros de nuestra Academia. Tenemos que formar parte de nuestra representación. En la Academia hay figuras muy luchadoras por nuestro trabajo y derechos y por hacer visible nuestro cine en cualquier parte del mundo.








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