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"Las redes sociales matan la empatía porque no hay mirada"

El guionista e intérprete Manuel Burque ha ingresado recientemente en la Academia 

02/10/2017

Foto: ©Enrique F. Aparicio

"Tenemos dos orejas y una boca. Por eso hay que escuchar el doble de lo que decimos". Manuel Burque hace gala de este consejo que le dio su padre hace años. Aunque parece más gallego que una zamburiña, este polifacético artista, recién sumado a las filas de la Academia, también lleva en sus venas sangre de madre canaria. Su humor parte precisamente de ese origen complejo: el sarcasmo y contenido característico del humor de los gallegos sumado a un acting predominantemente isleño. Este verano aún saborea las mieles de un espacio tan necesario y terapeútico como Radio Gaga –"no sabíamos que una televisión así era posible"–. Hay Burque para rato. 


Por Juan MG Morán 




¿Dónde estaba la vocación del niño Burque?

Pensaba en dirigir porque quería crear las películas, pero me di cuenta que es algo muy exigente y de lo que se suele huir. Cuando te creas una imagen de lo que quieres ser, no quieres exponerte a ello por si fracasas. 

¿Hay que ser cuidadoso con lo que se sueña?

Los sueños son súper peligrosos si se te generan cuando eres niño, porque ellos no tienen capacidad de raciocinio y los vinculan a necesidades y vacíos emocionales. Yo tuve el sueño del cine y escapaba de él estudiando más y más. Finalmente fue en el teatro, que era como un aledaño, donde pude crecer, porque este terreno no me generaba inseguridades.

¿Qué le decían sus padres?

Ellos mismos tuvieron la suerte de estudiar lo que querían, incluso de reciclarse a ciertas edades. A mí me dieron libertad y nunca lo consideraron un peligro, toda una suerte.

Qué curioso que el espaldarazo definitivo le llegase con una película como Requisitos para ser una persona normal.

Sí, porque justamente trabaja eso. A mí, que siempre he sido más cínico en lo que he hecho porque tengo guiones no cómicos muy oscuros escritos, hay algo que me está convenciendo y me está abrazando, que es la positividad y el optimismo de algunos proyectos en los que me he visto inmerso y de los que estoy muy satisfecho: ahí están Requisitos... y Radio Gaga, proyectos de los que me siento profundamente orgulloso y que están comandados por mujeres.

¿Cuánto nos queda que aprender sobre feminismo?

Hay que trasladar el mensaje de que feminismo tiene que ser una palabra positiva y no negativa, solo hay que mirar el diccionario. Y sí, el feminismo puede ser extremo, pero siempre va por delante. Hagamos analogías con el pasado, pensemos que antes se tenía por radical que las mujeres pudiesen votar. Recordemos que nos parecía una pérdida de libertad que no nos dejasen fumar en los bares, o que hubo un tiempo en que el 50% de la población opinaba que los homosexuales no debían tener los mismos derechos que el resto. Si ahora nos parece radical que no se piropee a las mujeres por la calle, quizá dentro de veinte años entre dentro de lo normal no hacerlo. Quizá entonces nos habremos humanizado, porque lo que queremos es escaparnos de lo biológico, de lo animal, porque nos vuelve peores. 

Al hilo de lo anterior, ¿somos demasiado cínicos?

Creo que hoy hay una sobrecarga de ello: todo el mundo es cínico, Twitter es cínico, cada vez más. Parece que no importa la humanidad ni la empatía, sino solo ser más sarcástico que el otro y hacer zascas. Al mismo tiempo ves ficciones como Master of none, en la que un humorista aparca el cinismo porque ya no le convence, porque es muy vago y muy individualista.

¿Son las redes sociales reflejo de la sociedad?

Tengo claro que, al menos, son un leve reflejo de cómo somos. Las redes matan la empatía porque no hay mirada, no hay voz. Todo lo bueno que tiene Twitter, que la transmisión de una idea pueda llegar muy lejos solo a base de retuits, lo tiene de malo porque nos estamos dejando de escuchar...

 

 

 Foto: © Enrique F. Aparicio 

 

EL (ESCASO) PODER DEL HUMOR


¿Se valora la importancia del guión en nuestro país?

El guionista es el arquitecto del cine y se le está privando de ese prestigio. Tiene que haber estrellas guionistas en España, Borja Cobeaga debería ser una estrella mediática. Cuando la sociedad vea quiénes son, tendrán más voz y podrán exigir más, porque esto no es escribir y me voy a casa: hay que hablar con dirección, con el departamento de casting, con fotografía...

¿Qué puede hacer el gremio a este respecto?

Los guionistas tenemos que dejar de pensar que escribimos novelas, porque solo empezamos a crear la arquitectura de un trabajo que es de equipo. Tampoco podemos ser animalillos que se encierran en su casa con la luz apagada y comiendo ‘cheetos’ para escribir, porque, como digo, tiene que haber una responsabilidad que vaya más allá.

¿La comedia es más rica cuando se escribe con colegas?

No creo que tenga que ver con la amistad, pero sí creo que escribir en pareja o en grupo es muy enriquecedor, porque el diálogo interno arduo que tienes contigo mismo en dúo es espectacular. Es una pared constante, porque tienes a dos cerebros dialogando consigo mismos y entre ellos. 

¿El humor es poderoso?

Por sí mismo no mueve nada, es aséptico. Si no, la política aquí habría cambiado hace dos décadas, porque me atrevo a decir que tenemos el mejor humor político del mundo. El humor relaja, pero no moviliza, si no estaríamos todos en las calles manifestándonos. 

¿Hemos avanzado respecto a aquello del humor y sus límites?

Al igual que soy feminista o defiendo otros movimientos, creo que la libertad de expresión debe defender y proteger al humor en todos sus componentes. Aunque tú creas que cómicos como Jorge Cremades son machistas y no te gusten, puedes criticarlo o dejar de compartir sus vídeos, pero no hay que prohibirlo, porque eso empieza ahí y acabas prohibiendo cosas que no entiendes. En el humor, por ser fácilmente malinterpretable y sensible, abres el grifo de la censura y ya no lo cierras. La pedagogía y la lucha debe venir por otro lado, pero no gastando todas tus energías en censurar el humor. Ahora bien, cada cómico debe tener la responsabilidad de saber si quiere o no unirse a un movimiento con su humor.

Acaba de incorporarse a la Academia, ¿qué nos hace falta?

Tenemos que escucharnos. Hay que luchar más por vincularnos a lo estatal, sin ideologías. Yo pienso de una manera, pero debemos llegar a acuerdos comunes. Estudiemos otros cines: Francia, y también Corea, porque les admiramos mucho, porque nos encanta el cine que hacen y logran taquillas impresionantes.

¿Con qué tenemos que batallar?

Hay unos muros de incomunicación generados durante décadas hacia el cine español que hay que romper. Un país no se puede nutrir solo de turismo, porque si no al final no va a haber una población formada que pueda ser una potencia en muchos ámbitos, porque entonces el país se empobrece y queda en manos de unos pocos. La cultura nos hace más libres y más críticos, pero también nos une. 








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