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"Somos bufones de nuestra sociedad, siempre podemos decir la verdad"

Pablo Berger estrena Abracadabra, el reverso de su premiada Blancanieves

01/08/2017

Foto: © Rubén Vega

Con la misma “exigencia y rigurosidad” , equipo artístico y técnico y productora con la que realizó su premiada Blancanieves, ha firmado el que es su tercer largometraje: Abracadabra, que lleva el ADN de Pablo Berger. “Todos mis cortos y mis películas tienen en común la emoción, el humor, la sorpresa”,  sostiene el director, guionista y productor vasco, que en esta ocasión no se ha tomado tanto tiempo entre proyecto y proyecto.


Por Chusa L. Monjas




Berger (Bilbao, 1963) entiende que el cine es soñar despierto, vivir la vida de otros. Por eso, lo que le gusta es contar al espectador cuentos. Y su nueva fábula, que se estrenará el 4 de agosto, es el reverso de Blancanieves. De un melodrama mudo, sofisticado y en blanco y negro a una tragicomedia ruidosa, de colores chillones y estética 'choni' que tiene como eje central a Carmen (Maribel Verdú), una ama de casa que asiste al cambio de personalidad de su rudo, violento y zafio marido, Carlos (Antonio de la Torre) tras una sesión de hipnosis.”El éxito es vivir como deseas. Cada vez que ruedo, mi deseo es dar un triple salto mortal, tirarme al vacío. Me gustan los retos, el riesgo, por eso hago muy pocas películas. De Torremolinos 73- su ópera prima- a Blancanieves hay un salto y también lo hay de Blancanieves a Abracadabra, giro que también espero dar en mi próximo filme porque siempre busco hacer algo muy diferente a lo anterior”, expone.

-Tardó seis años en poner en pie su primera película y ocho en levantar Blancanieves. Abracadabra solo le ha costado tres.   

Blancanieves fue un éxito de taquilla y de critica, me abrió muchas puertas, pero tenía que seguir, no podía dejarme llevar por el peso de los premios -10 goyas, el Ariel, la Concha de Plata a la mejor actriz y el premio especial del Jurado en San Sebastián y mejor diseño de vestuario en los premios de la Academia del Cine Europeo-. Cuando cumples los 50 ya has pasado todas las crisis, sabes que la vida es mucho más importante que el cine. Lo que quiero es hacer una película cada tres años y, como mi amigo J.A.Bayona, que sea comercial porque el cine no puede excluir al espectador, tiene que llamarlo a las salas.

Después de dar la vuelta al mundo tres veces con Blancanieves, me metí en mi camarote –así llama a su productora por su tamaño– y puse en la mesa los guiones acabados, los inacabados y los cuadernos de ideas que tenía y busqué el proyecto más diferente a Blancanieves. Quería lo opuesto y lo encontré en esta fábula moderna que no recrea de forma realista la realidad, sino que es una visión estilizada de la España del siglo XXI, del Madrid del siglo XXI. En Abracadabra hay móviles y pantallas de televisión planas, pero no la situamos en el 2017 porque queremos descolocar un poco al espectador para que la magia del cuento estuviera ahí.


-En esta historia echa mano de todos los géneros.

Es una muñeca rusa. Hay comedia, drama, cine de terror, fantástico, thriller de investigación, neorrealismo, ¡hasta un musical! Dependerá de cada  espectador el que sea un drama muy cómico o una comedia muy seria. Siempre que empiezo a rodar vuelvo a ver El verdugo, una comedia muy seria sobre la pena de la muerte en la que está lo mejor del cine que a mi me gusta y me interesa. De alguna manera todos mis trabajos tienen una pequeña moraleja porque en todos hay humor y también crítica social. En Abracadabra se habla del machismo, de la violencia doméstica, de la incultura...Con la comedia puedes decir cosas que desde el drama pueden herir la sensibilidad del otro. Los directores somos los bufones de nuestra sociedad, siempre hemos podido decir la verdad.

-Abracadabra es la historia de una mujer que busca su libertad.

Me gustan las películas que plantean preguntas. La pantalla es un espejo, en este caso deformado, de la realidad que refleja a una mujer que vive en el extrarradio de Madrid, pero también podía ser del barrio de Salamanca, que, metafóricamente, ha sido hipnotizada por su marido durante muchos años. Y cuando este hombre se somete a una sesión de hipnosis y es poseído por el espíritu de un hombre que escucha, es atento y comparte las tareas del hogar, esta mujer abre los ojos. Abracadabra habla de las segundas oportunidades, del empoderamiento de la mujer.

Mis películas siempre están conectadas con lo que estoy viviendo cuando las filmo. Aquí también pongo parte de mí porque llevo viviendo 20 años en Madrid, una ciudad que me fascina y que me inspira porque yo voy en metro, en autobús, visito los mercadillos, paseo por la Gran Vía. Y ese Madrid fuera del cinturón de la M-30 con sus bloques de pisos con mil historias por contar es también protagonista de esta película para la que hicimos una investigación rigurosa y exhaustiva.

-Y, ¿le gusta el Madrid en el que vive?

Es una ciudad que amo y odio al mismo tiempo. Me gusta como da la bienvenida al forastero, lo disfrutona que es, cómo se vive la calle.... Hay elementos que me desagradan y, aunque no de manera obvia, he utilizado el espejo deformante que es la pantalla de cine para mostrar a un país anestesiado por el fútbol, por los realities, y que, aunque ha evolucionado, queda mucho por hacer con el machismo como queda patente en la camiseta 'We should all be feminists', que se ha puesto de moda.

-En las películas que ha hecho, ¿ha encontrado respuestas?

Sí. Antes anteponía el cine a todo, después de Torremolinos 73 no. Durante los 8 años del viaje de Blancanieves no me sentí ninguneado ni perjudicado, sino que los disfruté. Hay un refrán japonés que dice 'si tienes prisa en llegar, coge el camino más largo.' Eso fue lo que hice y mereció la pena.  Vengo de un éxito pero, a veces, se aprende más de los fracasos. Ahora tampoco me siento presionado. Lo que no quiero es defraudar al público, al que durante 90 minutos quiero aliviar y que se olvide de su día a día.

-Usted dice que todas las historias encuentran su público, ¿cuál es el de Abracadabra?

Es una película abierta que da la la bienvenida al cinéfilo, que disfrutará de los homenajes y guiños cinematográficos; a sus padres; y a los adolescentes que no compran revistas de cine. Hay muchas capas y cada uno debe elegir la suya, de ahí la estructura de cuento para que nadie se pierda en el viaje.

 

Foto: ©Yuko Harami

 

Escuchar y tener paciencia y autocrítica


El productor Ibon Cormenzana, el músico Alfonso de Vilallonga, el director de fotografía Kiko de la Rica, la directora de casting Rosa Estévez, el director de arte Alain Bainée, el diseñador Paco Delgado, la maquilladora Silvie Imbert y la editora musical  y foto fija Yuko Harami son la familia cinematográfica de Pablo Berger, para quien lo importante es la foto de grupo porque cree a pies juntillas que el cine es “colaboración. Las películas son como un iceberg, el espectador ve la punta, pero la base es el equipo”, apostilla este director que nunca descuida “la documentación, el proceso de preparación y la música, que va de la mano del cine”.


-Toca hablar de los actores, de Maribel Verdú, José Maria Pou, con los que repite; Antonio de la Torre, José Mota, Quim Gutiérrez, la joven Priscila Delgado... Maribel Verdú encarna a Carmen, el tronco del que salen todas las ramas.

Maribel es una de las grandes actrices de este país, pero para mi es una amiga, mi cómplice, una mina que en cada toma te da oro. Como a mí, le gustan los riesgos, y trabaja desde lo físico. Puede intimidar a un director porque es historia del cine español, pero es moldeable, admite la dirección y sus propuestas siempre son a favor de la película. Contar con ella ha sido un regalo.

-A Antonio de la Torre le ha confiado un doble papel, es un doctor Jekyll y Mister Hyde.

Muy poco actores pueden hacer lo que hace Antonio en Abradacabra: un macho ibérico de fábrica y un adorable príncipe azul. Le vi en Te doy mis ojos, donde tenía un papel pequeño, y ya era un ladrón de escenas. Tuvo varios coaches, para conducir gruas, para ser camarero y para bailar, y ahí me engañó porque baila como Robocop, pero ensayó y ensayó y en la escena musical baila como Travolta.

-José Mota es la sorpresa del reparto.

Todavía hay prejuicios, aunque cada vez somos más los directores que rompemos ese círculo. Mi hija de 13 años fue la que me puso sobre su pista porque ella ama sus programas de televisión. Me vi los sketches en los que Mota hace de Mota y me fascinaron. Maribel es Don Quijote, José Mota es Sancho Panza y Antonio es una Dulcinea infernal. Y todos te pueden destrozar en un drama y hacer que sueltes una carcajada en una comedia. 

-Me ha puesto fácil la pregunta, ¿es más fácil hacer un drama que una comedia?

Lo difícil es hacer películas. Cada vez me siento más un director amateur con un largo camino por recorrer. El cine se acerca al mundo del circo y los directores somos como trapecistas, equilibristas que estamos a punto de caernos en cualquier instante.

-Desde que dirigió el corto Mama, hace casi 30 años, hasta ahora, ¿qué lección saca?

Que hay que hacer las películas que te salgan de dentro. He descubierto que las películas son como olas gigantes que hay que cogerlas como vienen. Para dirigir necesitas paciencia y autocrítica. Dirigir no es dar órdenes, es escuchar y tomar las mejores decisiones para contar la historia de la mejor manera posible.

-Ya tiene tres películas, ha dejado de ser un nuevo director.

Soy de la generación bisagra. Comencé con Álex de la Iglesia y Enrique Urbizu, pero al tener una carrera tan espaciada he tenido mucho contacto con Borja Cobeaga, Bayona, Alberto Rodríguez y con directores muy jóvenes porque he dado muchos talleres de guión y dirección. Fui jurado en el último Festival de Málaga, donde vi los primeros trabajos de una generación que nos pone las pilas porque arriesga y apuesta fuerte por un cine personal. 

 

Foto: ©Yuko Harami








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